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SERES FANTASTICOS
Sirenas


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SEGÚN LA MITOLOGÍA GRIEGA, LAS SIRENAS SON GENIOS MARINOS.

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Se cuenta que nacieron con cabeza y el rostro de mujer, el
cuerpo de ave, y dotada de una maravillosa voz.

Tan bellas eran que se atrevieron a competir con las Musas, y en la pelea, estas las derrotaron y les arrancaron las plumas.

Llenas de vergüenza por la derrota, se retiraron a la costa de Sicilia, donde cambiaron sus alas inservibles por una larga cola de pez...

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Apareceré ante ti como Venus y Afrodita, emergiendo por las
aguas del Mas Egeo...

Entre algas, medusas y arrecifes de coral, veras a las Sirenas... que con su canto melodioso te atraparan en sus redes...

Y a su lado sentirás las mas alucinantes de las nfolexias...

Escucha cuando estés entristecido en el silencio de tus noches solas, estas maravillosas caracolas que de remotas playas he traído.

Y oirás entre el tumulto de las olas cantar a las sirenas en tus oidos.

¡Ni bálsamos ni jugos de amapolas producen tan inefable olvido!

Te ira adormeciendo sus canciones, soñando con Nereidas y Tritones...

Y si algún día tu sueñas despierta, en la playa veras bajo una palma, la desnudez de una sirena muerta.

¡De la sirena que murió en tu alma!

Cuando Ulises abandona la morada de la hechicera Circe, sabe que debe de pasar cerca de la isla de las sirenas.

Siguiendo los consejos de la hechicera, el astuto héroe recurre a una estrategia que le permitirá oir y no obstante salvar a la nave y a sus compañeros.

Tapa los oídos de sus hombres, después de haber pedido solidamente atado al mástil. Así podrá saciar su curiosidad escuchando el canto de las sirenas, sin ceder a sus encantos.

Este canto se revela melodioso y desgarrador, y esta
calmado de bellas promesas.

Ulises les grita a sus compañeros que lo desaten, pero por supuesto, estos permanecen sordos a sus gritos.

Finalmente el barco pasa, y los héroes escapan del funesto destino de otros marinos.

Sin embargo, Ulises no es el único en enfrentarse a las sirenas.

El poeta mítico Orfeoque acompañaba a Jáson en su búsqueda
de vellocinos de oro, logra también resistir a sus fatales encantos.

En el instante en que Jáson y sus hombres, atraídos por tan melodiosas voces; cambian de rumbo, y cambian peligrosamente hacia los arrecifes de la isla.

Orfeo toma su lira y entona un canto tan sublime que cubre las melopeas de las sirenas, y salva a sus marinos de su mortal contemplación.

No resistirás...
los encantos de mi voz,
que desde la lejanía te atraen.
Yo canto para ti
mi noble capitán de los mares del mundo.



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